Lazarillo de Tormes
Y la felicidad se esconde en cada esquina, burlándose de los peatones. Pero algunas veces la suerte se pone de mi lado y descubro, entre un mar de gente, a una persona que hizo algo por mí años atrás; y descubro a la persona que me recomendó leer Lazarillo de Tormes a los 15 años. Igual, con esa mirada penetrante de ojos negros, unos ojos que desprenden amor a la literatura y a la enseñanza. Cruzamos la mirada, el paso del tiempo ha hecho más mella en mí que en ella; yo la reconozco y ella a mí no, pero sigo andando con una nueva sonrisa emmarcando mi cara y un brillo inesperado en los ojos.


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