En 2007 un 33% de los estudiantes españoles no obtuvieron el graduado escolar. Se trata de un dato que revela que el país sufre un alto grado de fracaso escolar ya que es bastante superior a la media europea. El fracaso escolar es la expresión que engloba a todos aquellos alumnos que no alcanzan acabar 4º de ESO y que, por lo tanto, llegan al mundo laboral sin la formación mínima y sin el graduado escolar. Además, parece como si el fracaso escolar sea una enfermedad de la sociedad actual que va en aumento; sin embargo, entre el índice anterior de la última reforma escolar y el índice de 2007 casi no ha habido variación. Este hecho deja entrever que las reformas que se han ido realizando en términos de educación han sido más bien burocráticas, pero sin efectos positivos para solucionar un problema que es la base de muchas otras problemáticas sociales.

La educación es la base del desarrollo de la sociedad y la educación no debe encontrarse tan sólo en las aulas. La educación empieza y acaba en la familia, en el entorno social de cada niño, de cada adolescente. Así pues, se necesitan unas previas que se encuentran tan solo en el entorno familiar y son esas previas las que determinan el fracaso escolar. Un profesor no puede cambiar la naturaleza de un alumno, es decir, no puede cambiar sus previas, lo que un niño ve en casa es lo que reproduce en su vida social y educativa. Así pues, el fracaso escolar es un reflejo de un fracaso de la sociedad en su conjunto, de un fracaso de la familia como ente social.

Los elementos básicos de la educación son la lectura y la escritura y, en consecuencia, estos son las claves del éxito o del fracaso. Es indudable el hecho de que los niños reproducen el comportamiento que ven en su ámbito familiar. Por ejemplo, si los padres leen, los niños leerán y si los padres valoran la escuela, sus hijos también lo harán. La cuestión, entonces, se encuentra en la sociedad como conjunto. El fracaso en la educación es un fracaso social general.

La lectoescritura es la formación mínima y básica que debe adquirir cualquier persona, por eso la lectura es una de las competencias que se evalúan para realizar el informe PISA, documento que compara el nivel de los adolescentes de 15 años de los países que conforman la OCDE, y es la competencia en la que los estudiantes españoles han sacado una nota más baja. Una de las muchas conclusiones que desprende este informe es que hay un exceso de malos estudiantes y un déficit de alumnos brillantes. Así pues, la sociedad debe realizar una introspección y una reflexión para proponer soluciones efectivas ante el hecho demostrable y demostrado de que más de un tercio de la población adolescente es analfabeta funcional.

En estos casos lo más fácil es buscar culpables y los primeros señalados son los profesores. Ellos son los que educan a los alumnos en sus aulas, aunque no cabe duda de que el input que un alumno trae de casa, difícilmente va a ser cambiado en la escuela. Aún así, los culpables no sólo se encuentran en las aulas y en la familia. Podemos ir más allá. Son muchas ya las reformas que se han ido llevando a cabo en el campo de la educación, se puede afirmar que un alumno que actualmente tiene 15 años vivirá cuatro reformas educativas. Además de estos cambios, los alumnos viven un ir y venir de profesores continuos, los sustitutos van pasando por las aulas cuál pasarela de moda. Este hecho afecta tanto a profesores cómo alumnos. Para los primeros se trata de no saber qué se ha dado, qué nivel tiene la clase, la tipología de alumno a la que se enfrenta, etc. Para los segundos se trata de un desconcierto y un aliciente más, aún, para tomarse la educación con menos seriedad y conciencia de lo normal. Los alumnos también son culpables de su propio fracaso, la cultura que reciben de la sociedad es un elemento importante pero ellos también deberían tener iniciativa y hacer un esfuerzo personal y valorar ese esfuerzo. Los valores éticos más altos de los adolescentes de hoy en día deberían ser el esfuerzo personal y el respeto, pero vemos cómo no es así. Tal vez sea porque han crecido en una sociedad del bienestar establecida, en la que con pedir se consigue lo que se quiere, sin esfuerzo alguno. Hemos pasado de no tener nada a tenerlo todo, sin quedarnos en el punto medio. Los extremos nunca fueron buenos.

Otro punto a destacar es la triple red de centros que existe hoy en día en nuestro país: escuelas públicas, escuelas concertadas y escuelas privadas. En Cataluña la mitad de los centros son concertados y gozan de un gran prestigio a causa de la oferta privada de sus alrededores. Además, estos colegios concertados son religiosos con lo que ¼ de los centros educativos de Cataluña son religiosos. En este punto, debemos hacernos una pregunta ¿hasta qué punto existe la igualdad de oportunidades?

Debemos, como sociedad, hacer una reflexión pública, seria y conjunta dejando de lado las ideologías de cada uno. La educación es la base del desarrollo personal, social y estatal. En la educación se halla la base de progreso, de crear sociedades mejores. No se trata de un problema de fácil y clara solución y ésta no se encuentra en manos de los docentes o de los equipos educativos. La solución se encuentra en la sociedad misma y en las instituciones. Este es un tema que debe tocarse de fondo, no ir realizando reformas y más reformas superficiales que cambian los conceptos sin cambiar la esencia. El núcleo del problema está claro, las previas de los niños son la clave y éstas se encuentran en el ámbito más cercano del niño, es decir, la familia. Además de las previas es importante que las leyes sean sensatas y se hagan de acuerdo con la sociedad en la que vivimos y la sociedad que queremos construir y vivir en un futuro. Alguien dijo que “cada país tiene la escuela que se merece” y nuestro país se merece ser un país mejor y tener, por lo tanto, una educación mejor.