El libro, como objeto, tiene que ser bello. Por un lado, lo hace más llamativo en las mesas de las librerías y, por otro, ayuda al lector a entrar en el texto sin obstáculos. Mientras uno está leyendo, el libro debe ser además invisible, como una pantalla de cine. Las erratas, los fallos tipográficos o las malas traducciones son como rotos en la tela. Son piedras en el camino, provocan tropiezos, además de ser muy molestas.
Jaume Vallcorba, editor català (Quaderns Crema, Acantilado)

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29 Abril, 2008 a 6:06 pm
Llorenç Carreres
Interessant, en Vallcorba. Ens llegim.